Presentación

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“Esto funciona así”: Anatomía de la corrupción en España

¿Cuáles son los mecanismos institucionales y mentales que hacen posible la corrupción? Tras estudiar numerosos sumarios judiciales y extraer de ellos las actitudes y las frases más recurrentes, Fernando Jiménez y Vicente Carbona diseccionan en este ensayo los motivos que impulsan a los políticos, los empresarios y a la sociedad a incurrir y aceptar la corrupción.

Ilustraciones: Alejandro Magallanes

Es indudable que los verdaderos expertos en la corrupción son quienes la practican. Por esa razón, el análisis de este fenómeno nunca podría estar completo si no prestamos atención a estos actores. En este texto nos vamos a aproximar a las actitudes, las percepciones y los valores de quienes practican estas actividades delictivas. Para ello, utilizaremos un tipo muy especial de material empírico. El considerable aumento en los últimos cinco años de investigaciones judiciales sobre la corrupción en nuestro país nos permite contar con una base de datos especialmente rica para analizar los mapas mentales de estos actores. En concreto, las grabaciones policiales de muchos intentos de soborno constituyen un material privilegiado para llevar a cabo un análisis de aquello que tienen “los corruptos en la cabeza” cuando se proponen cometer estos delitos.

En este texto hemos seleccionado una (corta) serie de fragmentos de estas conversaciones que son suficientemente representativos para ilustrar lo que podemos llamar el “imaginario de la corrupción” en España.

 

I. EL IMAGINARIO DE LA CORRUPCIÓN

¿Qué tienen en la cabeza los corruptos cuando llevan a cabo actividades presuntamente delictivas? El análisis de una información como esta enriquece nuestra aproximación al fenómeno de la corrupción. Al final, son los individuos quienes otorgan un determinado significado a sus acciones y quienes deciden qué tipo de elementos del entorno en el que actúan se convierten en incentivos que les estimulan a llevar adelante determinados comportamientos. Como afirma Mark Granovetter cuando critica los enfoques económicos de la corrupción de la “Teoría de la Agencia”, aunque estos modelos explicativos “puedan ser razonables si permanecen constantes todos los demás factores, en la práctica infradeterminan los resultados posibles porque abstraen los aspectos sociales de la forma en que los incentivos se convierten en tales y de la manera en que los actores les dotan de valor y de significado”.

Por tanto, para no caer en la debilidad denunciada por el sociólogo de Stanford, es conveniente utilizar material empírico. Después de leer un buen número de sumarios judiciales sobre delitos de corrupción, creemos que estamos en condiciones de condensar ese imaginario de la corrupción en cinco elementos (tabla 1). Los entrecomillados son expresiones literales extraídas de tales conversaciones.

 

1. Los frutos de la corrupción: el bolsillo y otros fines

El primer elemento del imaginario son los fines perseguidos por la corrupción. El fin principal suele ser el enriquecimiento ilícito, pero generalmente de manera instrumental aparece un segundo fin relacionado con este: la financiación de las campañas electorales. Para poder enriquecerse ilícitamente con la “venta” de determinadas decisiones públicas es necesario previamente haber alcanzado una posición de poder público. Para ello, en el caso de puestos de elección pública, es necesario invertir en el coste de una campaña electoral con la que asegurar que se va a alcanzar la posición de poder deseada.

Una conversación ampliamente conocida, publicada en su momento en la prensa,[1] nos sirve para ilustrar estos extremos. Tuvo lugar en Orihuela entre Ángel Fenoll –un empresario del sector de las basuras, que es uno de los grandes protagonistas del Caso Brugal– y un entonces concejal de un grupo político minoritario del Ayuntamiento de Orihuela, el Centro Liberal, Jesús Ferrández.

Ángel Fenoll es de extracción humilde. Empezó recorriendo las aldeas alrededor de Orihuela en un carromato con su padre recogiendo las basuras. Hoy sigue trabajando en ese sector, pero en una posición mucho más acomodada. Ángel Fenoll grabó esta conversación en febrero de 2006. De hecho, por lo que se sabe del Caso Brugal, probablemente ha grabado todas las conversaciones que ha tenido con políticos.

En la conversación, Ángel Fenoll está prometiéndole al concejal su apoyo económico en lo que necesite, siempre y cuando el concejal cumpla con su parte del trato, que en este caso era tratar de obstaculizar una contrata de basuras que había hecho el Ayuntamiento de Orihuela y que se había adjudicado a un competidor de Ángel Fenoll. Se trataba de denunciar ese concurso, obstaculizarlo, y volver a sacar a concurso esa contrata.

 

Ángel Fenoll: Cuando llegue el momento antes del Pleno…

Jesús Ferrández: Si yo no quiero nada, tú paga la campaña.

Fenoll: Ya, ya… Que sí… Que te lo digo para que tengas confianza al 100%… Una campaña al estilo americano.

Ferrández: Al estilo americano no, una campaña que podamos sacar ocho o nueve concejales… Yo quiero que estos [PP] no gobiernen solos, que si nosotros decidimos después, decidimos nosotros [CL].

 

Una de las constantes en estas conversaciones suele ser la financiación de las campañas electorales y, a veces, de las propias organizaciones de los partidos, algo que constituye un verdadero agujero negro en la democracia española. En este caso, el concejal dice no esperar nada más del empresario que el pago de la campaña. Este, seguramente llevado por el entusiasmo del momento, le promete no solo que lo hará sino que tendrá una campaña “al estilo americano”… en Orihuela. Obviamente el realismo del concejal se impone. No necesita globos de colores ni sombreros panamá, sino tan solo asegurarse un número de concejales suficiente para que el partido mayoritario, sea el que sea, dependa de sus votos para conseguir la alcaldía. ¿Qué necesita por tanto el concejal? La conversación entre ambos prosigue:

 

Ferrández: Nosotros, con cincuenta votos de La Murada, veinte de La Aparecida… Nos sobra, no tenemos que sacar mayoría absoluta, con sacar un par de concejales más ya está, no tenemos que ganar las elecciones. Y si nosotros tenemos la suerte…

Fenoll: Tienes la llave… Ellos tienen que entenderse contigo, ellos quienes sean…

Ferrández: De eso se trata. Además tú lo sabes… Yo eso de ser alcalde me la suda. Yo lo que quiero es mangonear por detrás. Si el que se ha equivocado conmigo ha sido Medina [el entonces alcalde de Orihuela]. Podría haber sido el tío más feliz del mundo, teniéndome a mí mangoneando por detrás, es lo que más me ha gustado siempre. A mí eso de los discursos me la suda.

 

Están hablando, aunque no explícitamente, de que se trata de comprar votos. De hecho, existen varios fenómenos registrados de compra de votos en esa zona, no solo en Orihuela, sino que también ha habido casos denunciados en la provincia de Murcia y hasta hay una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia que ha condenado por esta práctica al alcalde de Fortuna. Lo importante, por tanto, no son los globos, sino asegurar la posición de poder necesaria: no una mayoría, sino “tener la llave”, condicionar el establecimiento de una mayoría de gobierno en el Ayuntamiento. Lo de menos es gobernar, lo decisivo para este concejal, tal y como dice en esa perversa oda a la vocación política con la que termina este fragmento, es “mangonear por detrás”.

Pero ¿para qué necesita este político asegurarse esa posición de poder? El siguiente fragmento de esta conversación es suficientemente explícito.

 

Ferrández: Nada más que mangoneemos un poco y cogiendo un par de PAUS de cuatro millones de metros cuadrados ni basuras ni la puta que las parió.

Fenoll: Es verdad, sí.

Ferrández: De qué estamos hablando. Se pueden ganar miles de millones con un PAU de tres millones de metros cuadrados. Tú calcula que los tres millones son millón y medio de metros cuadrados y la media entre el suelo y lo que gane de las viviendas, ponle como mínimo un beneficio de 20.000 pesetas el metro cuadrado: Salen 30.000 millones de pesetas, que es lo que están ganando esos hijos de puta.